Al terminar la noche la acompañé a casa y no hubo beso de despedida en el portal, o tal vez sí, pero nada que mereciese ocupar un lugar en mi memoria. Simplemente quedamos para el día siguiente, en el que poco después se convertiría en "nuestro bar", para tomar algo y seguir hablando. Yo, que me presenté una hora antes en el lugar, estaba muy nervioso cuando la vi aparecer. Llegó diez minutos tarde, diez minutos que se me hicieron eternos. Estaba igual de bonita que la noche anterior. La tarde fue bien, recuerdo que encontramos un lugar discreto donde charlar, se me hizo corta. Ella era tal y como la había imaginado, aquello iba en serio.
Todo muy tradicional, la pasión llegó unas semanas después. La llamaba todas las tardes. No tenía nada que contarle, pero yo la llamaba igual, y hacíamos eso de "cuelga tú", "no, cuelga tú", ... Al final siempre colgaba yo porque se me acaban las monedas, pero era divertido. Éramos tan empalagosos que dábamos asco.
Supongo que uno recuerda la parte que quiere recordar, no te sorprendas sí encuentras demasiado almíbar. Recuerdo también que discutíamos bastante, muchas veces estuvimos a punto de dejarlo, pero nuestras discusiones siempre terminaban de la misma manera, con un beso.
Los fines de semana dábamos largos paseos en coche, nos gustaba mucho ir a pasear a la playa o subir a la montaña para sentarnos a observarla desde allí, y no tardamos en pasar las noches en él. Hoy ya no quedan tantos lugares como entonces donde aparcar y poder quedarte a dormir tranquilo después de hacer el amor. ¡Qué tiempos aquellos!
Solo tuvimos un problema una vez, que tampoco fue un problema. Un día se me ocurrió aparcar en un descampado y aparecieron por allí un par de coches haciendo rugir sus motores. Uno de ellos se paró a nuestro lado, bajó la ventanilla y empezó a gritar -¡Folladores! ¡Folladores!- Pero todo quedó en eso. Tal como vinieron se fueron, quemando rueda. Al principio me molesté un poco, incluso me asusté, no sabía que era lo que pensaban hacer aquellos engendros, pero en cuanto vi que se marchaban pasé del tema y volví a lo que tenía entre manos.
- Ya has oido ¿No? Tú no te sientas presionada pero... no podemos defraudar a nuestros fans - Dije.
- No, no pienso follarte. Que se jodan... - Respondió sonriendo mientras volvía a sentarse encima mía - Yo voy a hacerte el amor.
Un beso, solo un beso. A veces bromeábamos sobre como nos habíamos conocido y la manera de formalizar nuestra unión: “Yo nunca te dije que sí”, solía decir ella, a lo que yo siempre respondía: “Pues yo me lo tomé como un sí, haberte explicado mejor, ahora te jodes”.
Eramos felices. A su lado, no necesitaba nada más. A ella parecían gustarle las mismas cosas que a mí, algo que al final no sé si es bueno o malo; alguna vez he pensado que quizás nos parecíamos demasiado. El caso es que estábamos bien, pero a algunos de mi familia no les gustaba mi novia y a algunos de la suya no les gustaba yo.
En mi caso era porque yo no era lo suficientemente "bueno". Yo, callado e introvertido, bajito y tan poca cosa, con un padre borracho al que seguramente me parecería en breve, no era el mejor partido para su hija. Además... estaba aquel otro chico, el alto, el guapo, el que estudiaba con ella en la misma clase. Aquel que a veces la traía hasta casa en coche, ese que sus papis le habían comprado por haber aprobado todo. Ese que incluso alguna vez la había acompañado hasta la puerta y saludado a su madre. Ese si era un buen chico para su hija, además, de su misma edad, y no ese chico mayor con el que llevaba varios meses saliendo y que la traía a las tantas; a saber de donde venían... Si en realidad supieran de donde veníamos seguramente les gustaría un poco menos.
Un día, poco tiempo despues de estar juntos y entre discusión y discusión sobre lo que opinaba su familia o lo que había estado por ahí diciendo la mía, a su casa llegaron una docena de rosas, era San Valentín.
Yo nunca he regalado rosas por San Valentín ¿Por qué? No sé... No me da la gana.
Solo tuvimos un problema una vez, que tampoco fue un problema. Un día se me ocurrió aparcar en un descampado y aparecieron por allí un par de coches haciendo rugir sus motores. Uno de ellos se paró a nuestro lado, bajó la ventanilla y empezó a gritar -¡Folladores! ¡Folladores!- Pero todo quedó en eso. Tal como vinieron se fueron, quemando rueda. Al principio me molesté un poco, incluso me asusté, no sabía que era lo que pensaban hacer aquellos engendros, pero en cuanto vi que se marchaban pasé del tema y volví a lo que tenía entre manos.
- Ya has oido ¿No? Tú no te sientas presionada pero... no podemos defraudar a nuestros fans - Dije.
- No, no pienso follarte. Que se jodan... - Respondió sonriendo mientras volvía a sentarse encima mía - Yo voy a hacerte el amor.
Un beso, solo un beso. A veces bromeábamos sobre como nos habíamos conocido y la manera de formalizar nuestra unión: “Yo nunca te dije que sí”, solía decir ella, a lo que yo siempre respondía: “Pues yo me lo tomé como un sí, haberte explicado mejor, ahora te jodes”.
Eramos felices. A su lado, no necesitaba nada más. A ella parecían gustarle las mismas cosas que a mí, algo que al final no sé si es bueno o malo; alguna vez he pensado que quizás nos parecíamos demasiado. El caso es que estábamos bien, pero a algunos de mi familia no les gustaba mi novia y a algunos de la suya no les gustaba yo.
En mi caso era porque yo no era lo suficientemente "bueno". Yo, callado e introvertido, bajito y tan poca cosa, con un padre borracho al que seguramente me parecería en breve, no era el mejor partido para su hija. Además... estaba aquel otro chico, el alto, el guapo, el que estudiaba con ella en la misma clase. Aquel que a veces la traía hasta casa en coche, ese que sus papis le habían comprado por haber aprobado todo. Ese que incluso alguna vez la había acompañado hasta la puerta y saludado a su madre. Ese si era un buen chico para su hija, además, de su misma edad, y no ese chico mayor con el que llevaba varios meses saliendo y que la traía a las tantas; a saber de donde venían... Si en realidad supieran de donde veníamos seguramente les gustaría un poco menos.
Un día, poco tiempo despues de estar juntos y entre discusión y discusión sobre lo que opinaba su familia o lo que había estado por ahí diciendo la mía, a su casa llegaron una docena de rosas, era San Valentín.
Yo nunca he regalado rosas por San Valentín ¿Por qué? No sé... No me da la gana.