viernes 23 de diciembre de 2011

Una vez fui joven. 28 y medio.

Entenderás que en estas fechas no tenga mucho tiempo para escribir, por eso me voy a tomar un descanso. Será breve, supongo que volveré a principios del año que viene, o esa es la idea. En cuanto tenga un momento libre volveré para contarte... cualquier cosa que ronde por mi cabeza. Y lo haré porque me apetece, porque de alguna manera, mientras escribo en este blog, me siento un poco más cerca de tí, y eso me gusta.
Te deseo unas felices fiestas y una feliz entrada de año. Muchas gracias por estar ahí y hacerme sentir querido. Un beso.

lunes 19 de diciembre de 2011

Una vez fui joven, 28.

No fue ayer, no, fue la semana pasada. Estaba yo esperando el bus cuando cruzó ante mí. Por la manera en que me miró juraría que se sorprendió al verme, como si mi cara le sonase de algo pero no supiera de qué, o más bien, como si yo estuviese en aquel lugar cuando no debía de estar y la hubiera pillado por sorpresa. Supongo que yo puse la misma cara. Al pasar me saludó fríamente.
- Hola - dijo.
- Hola - Respondí.
Y se marchó. No sé paró a preguntarme como estaba o que tal me iba, ni siquiera me dejó una sonrisa como en tiempos me tenía acostumbrado, continuó su camino junto a otra chica a la que no conozco. No puedo recriminarle nada, yo tampoco sonreí ni hice nada por comunicarme, estaba absorto en mis pensamientos y mi cara seguro que no invitaba a pararse. Me lo han dicho más de una vez, sobre todo últimamente, pero es mi forma de ser y no consigo cambiar, aunque te juro que lo intento.

Era la última persona con la que esperaba cruzarme, de echo casi se me había olvidado que existía.  Hacía unos doce años que no la veía, mucho tiempo. Casi no había cambiado. Obviamente ya no era una niña, pero conservaba aquel aspecto infantil y aquel aire de niña rebelde que me había encandilado en su momento. Apenas pude verla unos segundos, pero juraría que la vi más guapa. Los años la han tratado bien.

Recuerdo la primera vez que la ví. En realidad siempre había estado allí, pero yo no me dí cuenta de su presencia hasta que un día me soltó una patada. Literalmente, me soltó una patada en la espinilla para que la mirara a los ojos. Yo estaba metido en mi mundo, concentrado en mi copa y en leer el horóscopo del día, y ni me había dado cuenta de que se había sentado frente a mí.
Empezamos un juego; yo era el gato y ella el ratón que quería dejarse atrapar. Eso me hizo creer. Por dos veces caí en la trampa y descrubí mis cartas, entonces daba marcha atrás. Creo que le gustaba saber que me tenía a sus pies, y aprovechaba el momento para pisotearme. Cuando yo entraba en su juego ella ya no quería jugar. LLegó a desesperarme. Me cansó. Varias semanas más tarde, fue ella la que vino buscando algo, no sé el qué ni me interesaba saberlo, porque yo ya no quería jugar, y se lo dejé bien claro.

Me quedé mirándola, estudiando su manera de caminar mientras se alejaba calle arriba, y entonces... volvió la mirada atrás. Solo giró la cabeza, sin detenerse, pero sé que lo hizo para volver a verme. Solo un segundo y continúo su camino. Nuestras miradas se cruzaron y creo que los dos nos sentimos descubiertos. En ese momento retrocedí 15 o 16 años en el tiempo y afloraron dentro de mi algunos recuerdos que creía ya aparcados: aquella tarde bajo la lluvia cuando mi nariz rozó la suya, juegos olvidados... Y justo en aquél momento, mientras mi mente viajaba en el tiempo, llegó el autobús; y de él bajó la chica la chica que yo esperaba, sonriendo, feliz solo por saber que yo estaba allí, esperándola...

Imbecil... - Pensé - soy imbecil...

lunes 12 de diciembre de 2011

Una vez fui joven. 27

Es cierto, me he vuelto espeso y seguramente demasiado escueto, acepto la crítica, pero hay cosas en las que es mejor no extenderse, por aquello de no meter la pata demasiado al fondo.
También estoy de acuerdo con eso de que sobran las etiquetas; que lo importante de una relación son los buenos momentos, vivir y disfrutar la magia que hay en cada instante. Nunca quise decir lo contrario, y por supuesto, comparto esa manera de pensar.

No conozco mejor filosofía de vida que esa: disfrutar de cada cosa en su momento, y del momento de cada cosa, no juzgar ni ser juzgado, y olvidar lo más pronto posible todo aquello que haya podido hacerte daño ¿Quién dijo que vivir y ser feliz fuera difícil? Hay cientos de manuales por ahí que te enseñan a hacerlo, miles de blogeros expertos en la teoría ( Todos deberíamos ser expertos por la cantidad de veces que hemos leído sobre el tema) Incluso hay gente que se dedica a eso, a decirte como tienes que hacer para alcanzar la felicidad. El que no es feliz es porque no quiere. Pero todos sabemos como funciona esto... ¿O no?

Una historia de amor se ve diferente según desde donde la mires. Es muy difícil sentir lo mismo aquel día en que por primera vez se juntan vuestros labios, que diez años después cuando la misma persona te pide un beso antes de irse al trabajo ¿Ha muerto el amor entonces? ¿Estuviste enamorado realmente? Y que me dices de cuando la relación se rompe; De repente,  aquella joven que te hacía volar con solo una sonrisa es la persona a la que más odias del mundo, y en ese momento te resulta sencillo decir aquello de: "en realidad no la amé nunca, solo era un rollo", o todo lo contrario, sobre todo cuando sientes que eres tú el que ha perdido: " ha sido el amor de mi vida...  jamás volveré a sentir por nadie lo que he sentido por ella" ¿Te das cuenta de lo triste que será tu vida si fuera cierta esa afirmación? No creo que merezca la pena castigarse de esa manera. Matar la posibilidad de volver a amar de verdad es muy cruel.

Confieso que yo mismo he dicho alguna vez eso de "el amor no existe", por eso mismo puedo afirmar, hoy, que estaba equivocado.
Todos terminamos por etiquetar los sentimientos, aunque sepamos que seguramente nos engañemos al hacerlo, y que no esté bien... pero lo hacemos. Del mismo modo que todos creemos saber mejor que nadie lo que siente nuestro amigo. Seguramente nos cueste discernir sobre nuestra manera de amar, pero todos somos expertos cuando se refiere al que tenemos enfrente.

Apuesto por continuar soñando. Quizás algún dia, quizás mañana, quien sabe... igual esta misma noche.

Y de esto no es de lo que quería hablar, pero me he liado. Quería contarte lo que me pasó ayer mientras esperaba el bus... pero tendré que dejar la historia para el próximo lunes. Cosas del directo...

lunes 5 de diciembre de 2011

Una vez fui joven. 26

¿Qué complicado es eso del amor? ¿Verdad? Muchas han sido las veces que he creido estar enamorado. Es de lo que trata este blog, poco a poco y haciendo memoria, he ido juntando a todas aquellas personas que dejaron una muesca en mi vida. Una marca que se ve diferente con el paso de los años, pero que está ahí. Y digo “he creído” porque hay quien se empeña en hacerme dudar de que eso sea cierto.

Hace unos días me topé con una amiga a la que hacía tiempo que no veía. Una amiga virtual, que bien puede ser un señor con bigote, pero que para mí es una amiga de verdad, como cualquier otra, a la que tengo un cariño especial. Tan especial, que a su lado sobrepasé la barrera de la amistad y llegué a hacerme mucho daño. Hubo momentos en los que creí que nunca volveríamos a ser amigos, no lo veía viable, y llegué a pensar que lo mejor para mí era alejarme de ella tanto como me fuese posible. Afortunadamente no fue necesario, el tiempo vuelve a poner todo en su sitio, el tiempo lo arregla casi todo, y continúa siendo una de mis mejores amigas; de esas a las que puedes confesarle casi cualquier cosa y de las pocas en las que puedes confiar, y yo me alegro de que sea así.

Mi amiga, que no atraviesa por su mejor momento, me contó como al fin había podido comprobar que era capaz de amar de verdad. Pues ella creía que por su forma de ser, o su manera de actuar hasta aquél entonces, nunca había estado enamorada de verdad… de nadie. Quizás encoñada, encaprichada, pero enamorada de verdad… nunca.

Recuerdo que una vez alguien me dijo que yo no estaba enamorado, que lo mio era otra cosa – ¿Enamorado? No creo ¿Tu no estarás encoñado? ¿Cómo vas a estar enamorado de alguien a quién ni siquiera conoces? –  Y la verdad es que no le faltaba razón, lo sé. Yo estaba enamorado de alguien a quién había diseñado en mi mente y que posiblemente no existiese, al menos no como yo lo había creado. Pero es que era tan bonito…

No sé yo si la línea que separa el encaprichamiento del enamoramiento está realmente tan definida, aunque no dudo de la capacidad de mi amiga para definirla. Lo que sí pongo en duda es que mi amiga pueda mantener esa opinión durante mucho tiempo, es más, me gustaría que pronto pueda contarme como ha encontrado el amor de verdad, ese que volverá a dejar con la etiqueta de falsos a todos los anteriores.


lunes 18 de julio de 2011

Una vez fui joven. 25

Nunca me gustaron las películas que terminan mal. ¿Acaso cuesta tanto darle un final feliz a una historia? Vale, entiendo que tiene que haber de todo; si todas las pelis terminasen bien no tendrían gracia, pero yo estoy un poco aburrido de finales tristes. Ultimamente el bueno siempre muere, o se pasa la vida buscando a la mujer de sus sueños; no sé para qué, porque sí la encuentra: o resulta ser una asesina en serie que termina con él a la primera ocasión, o se muere entre sus brazos antes incluso de poder darle el primer beso. No, esas historias no van conmigo. Si quiero llorar me voy a la esquina a sacar un extracto de mi cuenta corriente.
Quizás por eso, y siendo consecuente, debía terminar aquí mi historia; "Y fueron felices y comieron perdices", ese sería un buen final. Pero como ya te habrás dado cuenta, no soy una persona muy coherente, ni tampoco me gustan mucho las perdices, así que seguramente continuaré con la historia, si es que encuentro la manera de hacerlo. Qué no será fácil...

lunes 11 de julio de 2011

Una vez fui joven. 24

Solo un beso. Un beso puede subirte al cielo en un momento, o enviarte a la cárcel si el que te lo da es un tal Judas. Aquel beso selló nuestro compromiso, no necesitamos decirnos mucho más ¿Para qué? Los dos pensábamos lo mismo, y si no era así… nos lo creímos. Años más tarde, incluso bromeábamos sobre como nos habíamos conocido y la manera de formalizar nuestra unión: “Yo nunca te dije que sí”, solía decir ella, a lo que yo siempre respondía: “Pues yo me lo tomé como un sí, haberte explicado mejor”.

Aquel beso trajo consigo años maravillosos, mentiría si dijese lo contrario. No tardamos ni seis meses en marcharnos a vivir juntos. Yo la quería, ella me quería, y no teníamos nada más que el uno al otro, pero nos bastaba. ¿Qué más podíamos necesitar? ¿Comer? Supongo que las hormonas no nos dejaban pensar en cosas tan triviales como el comer.

La vida al principio fue difícil, no teníamos a nadie que nos ayudase y tuvimos que buscarnos nosotros solos las castañas. Nuestra relación no fue muy bien recibida por parte de nuestras familias, no todos estaban en nuestra contra pero eran esas voces las que más se escuchaban, así que pronto nos encontramos solos. Fue entonces cuando aplicamos el dicho: ¿Quién dijo miedo habiendo farmacias?

Cuando eres joven ves la vida de otra manera, nada te da miedo. Recuerdo como me hipotequé con aquel sueldo ridículo que tenía… Eran otros tiempos, supongo que ahora no es tan fácil. No me considero un valiente, en aquel momento hice lo que se suponía que tenía que hacer. Hoy, hay días que miro atrás y hecho de menos un poco de aquella iniciativa, pero las cosas, y mi situación, han cambiado. Tengo la teoría de que no es que pierdas la valentía con los años, es más sencillo que todo eso: lo que pasa es que cuando no tienes nada, tampoco nada pueden quitarte, y es fácil ser valiente cuando no tienes nada que perder. Con los años eso va cambiando, te acostumbras a un nivel de vida, te acomodas, y es normal ponerse nervioso cuando ves tambalearse todo aquello que, con mucho trabajo, has construido durante años.

Pero en aquella época todo eso no iba conmigo. Tenía miedo; sí, siempre lo tuve; pero iba afrontando cada problema según iba apareciendo y poco a poco las dificultades fueron quedando atrás. De repente los frutos de nuestro esfuerzo empezaron a aparecer, y fue entonces cuando empecé a darme cuenta de que estaba viviendo. Volvimos a salir, volvieron los viajes, las cenas... ¿Qué quieres que te diga? Tenía todo lo que podía necesitar, amor, dinero y salud.Yo… era feliz.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado; o no… porque como dice una amiga: El amor es tan “peculiar”.

lunes 4 de julio de 2011

Una vez fui joven 23

El lunes me pareció un buen día para publicar mis entradas ¿Por qué el lunes y no otro día? Pues podría responderte como hizo en su día, ante la misma pregunta, una amiga que publicaba un blog muy interesante, del que por desgracia, y por motivos que no puedo contarte aquí, perdí la dirección: "Si publicase cualquier otro día, los lunes dejarían de ser especiales". Cuando comencé el blog me pareció una buena forma de homenajearla, la echo de menos, y es por eso que continuaré publicando los lunes. Y tal vez mi amiga tuviese razón y los lunes tengan una magia especial que no tiene cualquier otro día, aunque yo personalmente los detesto.

- Dice Chema que tienes algo que preguntarme – Había preguntado Sonia, para después clavarme aquella mirada que me volvía loco.
- Necesito otra copa – Dije – igual después soy capaz de preguntártelo.

Mi respuesta le hizo gracia, pero yo me sentí como un perfecto estúpido. Le pedí que me esperase mientras volvía a llenar mi copa y ella asintió con la cabeza. Cuando volví todavía estaba allí, sentada en una pequeña repisa que sobresalía de la pared; si he de serte sincero, no estaba seguro de que de verdad fuera a esperarme, pero allí estaba, esperándome con una sonrisa.

- Ahora si, con un poco más de esto la cosa funciona mejor, es que soy muy tímido – dije mientras me sentaba junto a ella, e intenté cambiar de tema – Me topé con tu novio ahora mientras subía.
- ¿Novio? Yo no tengo novio - Dijo sorprendida.
- ¿Carlos no es tu novio? – Pregunté.
- No. Carlos es un amigo. Es buen chaval, pero solo somos amigos. – Dijo, y aprovechó para quitarme la copa y probar su contenido. No debió gustarle porque puso una cara rara - ¿Qué es esto?
- Coca cola
- Ya… - Mi respuesta no le convenció - ¿Y ahora ya puedes preguntarme eso tan importante?

La pregunta era clara, directa y fácil de contestar, pero yo me hice el remolón. No tenía prisa, la tenía acorralada donde yo quería y sabía que no se me iba a escapar. Al menos no tenía pinta de querer irse a ninguna parte. No tenía novio, o decía no tenerlo, y todo estaba saliendo como nunca hubiese podido imaginar. Me tomé mi tiempo, di un par de sorbos a mi copa mientras controlaba los alrededores, me acerqué a ella y le susurré al oído:

- ¿Quieres salir conmigo?

Me miró durante un buen rato, como si me estuviese examinando mientras decidía cual iba a ser su respuesta. Durante unos segundos tuve miedo a ser rechazado, pero entonces se levantó, y sin decir palabra, me agarró del cuello y me plantó un beso en la boca. Me quitó la copa de las manos, volvió a sentarse a mi lado, y continuó bebiendo como si no hubiese pasado nada. Entonces me di cuenta, se había apoderado de mi vaso y no tenía intención de devolvérmelo.