Solo un beso. Un beso puede subirte al cielo en un momento, o enviarte a la cárcel si el que te lo da es un tal Judas. Aquel beso selló nuestro compromiso, no necesitamos decirnos mucho más ¿Para qué? Los dos pensábamos lo mismo, y si no era así… nos lo creímos. Años más tarde, incluso bromeábamos sobre como nos habíamos conocido y la manera de formalizar nuestra unión: “Yo nunca te dije que sí”, solía decir ella, a lo que yo siempre respondía: “Pues yo me lo tomé como un sí, haberte explicado mejor”.
Aquel beso trajo consigo años maravillosos, mentiría si dijese lo contrario. No tardamos ni seis meses en marcharnos a vivir juntos. Yo la quería, ella me quería, y no teníamos nada más que el uno al otro, pero nos bastaba. ¿Qué más podíamos necesitar? ¿Comer? Supongo que las hormonas no nos dejaban pensar en cosas tan triviales como el comer.
La vida al principio fue difícil, no teníamos a nadie que nos ayudase y tuvimos que buscarnos nosotros solos las castañas. Nuestra relación no fue muy bien recibida por parte de nuestras familias, no todos estaban en nuestra contra pero eran esas voces las que más se escuchaban, así que pronto nos encontramos solos. Fue entonces cuando aplicamos el dicho: ¿Quién dijo miedo habiendo farmacias?
Cuando eres joven ves la vida de otra manera, nada te da miedo. Recuerdo como me hipotequé con aquel sueldo ridículo que tenía… Eran otros tiempos, supongo que ahora no es tan fácil. No me considero un valiente, en aquel momento hice lo que se suponía que tenía que hacer. Hoy, hay días que miro atrás y hecho de menos un poco de aquella iniciativa, pero las cosas, y mi situación, han cambiado. Tengo la teoría de que no es que pierdas la valentía con los años, es más sencillo que todo eso: lo que pasa es que cuando no tienes nada, tampoco nada pueden quitarte, y es fácil ser valiente cuando no tienes nada que perder. Con los años eso va cambiando, te acostumbras a un nivel de vida, te acomodas, y es normal ponerse nervioso cuando ves tambalearse todo aquello que, con mucho trabajo, has construido durante años.
Pero en aquella época todo eso no iba conmigo. Tenía miedo; sí, siempre lo tuve; pero iba afrontando cada problema según iba apareciendo y poco a poco las dificultades fueron quedando atrás. De repente los frutos de nuestro esfuerzo empezaron a aparecer, y fue entonces cuando empecé a darme cuenta de que estaba viviendo. Volvimos a salir, volvieron los viajes, las cenas... ¿Qué quieres que te diga? Tenía todo lo que podía necesitar, amor, dinero y salud.Yo… era feliz.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado; o no… porque como dice una amiga: El amor es tan “peculiar”.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada