El lunes me pareció un buen día para publicar mis entradas ¿Por qué el lunes y no otro día? Pues podría responderte como hizo en su día, ante la misma pregunta, una amiga que publicaba un blog muy interesante, del que por desgracia, y por motivos que no puedo contarte aquí, perdí la dirección: "Si publicase cualquier otro día, los lunes dejarían de ser especiales". Cuando comencé el blog me pareció una buena forma de homenajearla, la echo de menos, y es por eso que continuaré publicando los lunes. Y tal vez mi amiga tuviese razón y los lunes tengan una magia especial que no tiene cualquier otro día, aunque yo personalmente los detesto.
- Dice Chema que tienes algo que preguntarme – Había preguntado Sonia, para después clavarme aquella mirada que me volvía loco.
- Necesito otra copa – Dije – igual después soy capaz de preguntártelo.
Mi respuesta le hizo gracia, pero yo me sentí como un perfecto estúpido. Le pedí que me esperase mientras volvía a llenar mi copa y ella asintió con la cabeza. Cuando volví todavía estaba allí, sentada en una pequeña repisa que sobresalía de la pared; si he de serte sincero, no estaba seguro de que de verdad fuera a esperarme, pero allí estaba, esperándome con una sonrisa.
- Ahora si, con un poco más de esto la cosa funciona mejor, es que soy muy tímido – dije mientras me sentaba junto a ella, e intenté cambiar de tema – Me topé con tu novio ahora mientras subía.
- ¿Novio? Yo no tengo novio - Dijo sorprendida.
- ¿Carlos no es tu novio? – Pregunté.
- No. Carlos es un amigo. Es buen chaval, pero solo somos amigos. – Dijo, y aprovechó para quitarme la copa y probar su contenido. No debió gustarle porque puso una cara rara - ¿Qué es esto?
- Coca cola
- Ya… - Mi respuesta no le convenció - ¿Y ahora ya puedes preguntarme eso tan importante?
La pregunta era clara, directa y fácil de contestar, pero yo me hice el remolón. No tenía prisa, la tenía acorralada donde yo quería y sabía que no se me iba a escapar. Al menos no tenía pinta de querer irse a ninguna parte. No tenía novio, o decía no tenerlo, y todo estaba saliendo como nunca hubiese podido imaginar. Me tomé mi tiempo, di un par de sorbos a mi copa mientras controlaba los alrededores, me acerqué a ella y le susurré al oído:
- ¿Quieres salir conmigo?
Me miró durante un buen rato, como si me estuviese examinando mientras decidía cual iba a ser su respuesta. Durante unos segundos tuve miedo a ser rechazado, pero entonces se levantó, y sin decir palabra, me agarró del cuello y me plantó un beso en la boca. Me quitó la copa de las manos, volvió a sentarse a mi lado, y continuó bebiendo como si no hubiese pasado nada. Entonces me di cuenta, se había apoderado de mi vaso y no tenía intención de devolvérmelo.
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